domingo, 14 de octubre de 2007

Don de lenguas y Orar en lenguas

Durante muchos años estuve participando activamente en el movimiento de la Renovación Carismática Católica. Es precisamente ahí donde tuve las primeras experiencias con la oración en lenguas. Un tipo de oración de alabanza al que se llega después de haber recibido a Cristo en tu corazón.


No recuerdo de donde obtuve la siguiente información que creo puede ser muy útil para aclarar dudas al respecto:

Don de lenguas y Orar en lenguas

Se le llama "don de lenguas" a diferentes dones que se deben distinguir para evitar confusión:

1- El don milagroso de hablar un idioma que no se ha aprendido por la vía natural. Este don se manifestó en Pentecostés.

Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. -Hechos 2,4

Se trata de un don milagroso. San Agustín enseña que en el comienzo de la Iglesia este don era necesario para que el Evangelio se comunicara rápidamente a todas las naciones, así todos podían recibirlo y además se daba testimonio del origen divino de su doctrina. Pero cuando la Iglesia ya hablaba los diferentes lenguajes (por medios naturales) el don se hizo menos necesario. En su tratado 32 sobre el Evangelio de San Juan, San Agustín, Padre del la Iglesia, siglo IV, escribe:
“Hoy día, cuando el Espíritu Santo ha sido recibido, nadie habla en las lenguas de todas las naciones pues la Iglesia ya habla las lenguas de todas las naciones y si uno no está en ella, este no recibe el Espíritu Santo”

Santo Tomás, en su Summa Thelogia, confirma que este don milagroso de lenguas no es tan común como lo era antes. El don, sin embargo, no ha desaparecido. Entre los santos que lo ejercieron están: San Pacomio (siglo IV), San Norberto (siglo XII), San Antonio de Padua (siglo XIII), San Vicente Ferrer (Siglo XIV), San Bernardino de Siena (siglo XV) y San Francisco Javier, el gran misionero en el Oriente (siglo XVI). En cada caso el don abrió la puerta para comunicar el mensaje del Señor. En nuestro tiempo también hay numerosos testimonios de este don. Por ejemplo, sacerdotes que, en un momento de necesidad, han confesado o predicado en un idioma que desconocían.

2- Profecía en lenguas. Es el don de pronunciar profecías en un lenguaje ininteligible o desconocido por los que están presentes. Estas palabras pueden ser interpretadas por alguien con el don de interpretación (sea porque conoce el lenguaje naturalmente o por un don especial). Entonces el mensaje edifica a la iglesia. Si no se interpreta, este don de lenguas se dirige solo a Dios y no a la comunidad.

Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; ... a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. ( I Corintios 12, 8; 10)

Según San Pablo estos dones (lengua y su interpretación) son parte del don de profecía pero advierte que debe estar sometido al orden de la iglesia. No deben, por ejemplo, varias personas hablar en este tipo de lenguas al mismo tiempo.

3- Orar en lenguas o canto de júbilo. Este don es muy diferente a los de arriba. Por medio de el se expresa, con sonidos ininteligibles, la devoción que no se puede poner en palabras. Se ha comparado con el canto gregoriano, cuando este extiende las sílabas en una hermosa armonía de alabanza.

A diferencia del don antes mencionado, este tipo de lenguas pueden ejercerlo varias personas o muchas, de igual manera que se expresa el canto en la comunidad. Mientras unos alaban en lenguas, otros pueden alabar con palabras del vernáculo o cantar. Es un don muy sencillo por el cual el Espíritu Santo nos asiste en la oración, particularmente en la alabanza. Este don se manifiesta con frecuencia en los grupos de oración carismáticos.

“Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios”. (Rm 8, 26-27)

Este don de lenguas es a la vez una forma de oración bajo la influencia del Espíritu Santo y bajo el dominio de la voluntad del sujeto. Dios no viola su libertad, por lo que la persona utiliza sus facultades normales. Es por eso que la persona debe rezar en lenguas utilizando su discernimiento en cuanto al momento y la forma apropiada para ejercerlo. Puede, por ejemplo elegir rezar en lenguas en alta voz o en silencio según sea o no una distracción para otros. No se trata por lo tanto de un milagro propiamente hablando sino de un don que se acopla a las capacidades normales de la naturaleza. En la oración en lenguas no se utiliza el intelecto para formular el lenguaje. El intelecto se absorbe en adoración.

San Agustín, Padre de la Iglesia del siglo IV, incluye el don de lenguas en el canto de "júbilo":
Mas he aquí que él Mismo (Dios) te sugiere la manera que has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.

El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que pueden es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo. (S.Agustín Salmo 32, sermón 1, 7-8: CCL 38, 253-354)

Como todo don, las lenguas pueden utilizarse bien o mal.

No se debe exagerar ni minimizar la importancia de ningún don. Cada uno tiene su lugar en al plan de Dios y debe utilizarse solo a su servicio. Ningún don es prueba de santidad.

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. I Corintios 13, 1.

Debemos aceptar con gratitud todos los dones de Dios y usarlos bien. San Pablo dice:

Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros - I Corintios 14,18

Habiendo clarificado gratitud por el don de lenguas que el mismo posee, San Pablo escribe en el próximo versículo:

pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua. -I Corintios 14,19

En las reuniones de cristianos todo don tiene su lugar en el orden que debe existir. (Cf 1 Cor 14, 39-40)

El don de lenguas también es una gran ayuda en la oración privada.

Los sacerdotes y líderes de grupos tienen una responsabilidad de enseñar el uso correcto de los dones. Deben ayudar a vencer las dudas y otros obstáculos como también advertir sobre los excesos. De igual manera, no es justo condenar un don de Dios porque algunos lo hayan mal usado o mal interpretado.

Las lenguas no son una "señal" para los creyentes. San Pablo dice:

“Así pues, las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes”. I Corintios 14, 22

San Pablo no está sugiriendo que no se use el don entre creyentes. Solamente dice que no se tenga entre ellos como señal. Y es que algunos enseñan falsamente que el don de lenguas es señal de elección o de santidad o asumen que si no hay oración en lenguas no está actuando el Espíritu Santo. Estos errores se deben condenar. San Pablo exhorta a la madurez, a valerse con gratitud de todos los dones pero no fascinarse con los dones mas visibles, sino reconocer el lugar de cada uno. El de lenguas es inferior a los demás dones y virtudes.

El don de lenguas, siendo para el bien de la Iglesia, nos ayuda a abrirnos a otros dones. Pero esto solo ocurre si el corazón está bien ordenado según la sana doctrina.

El don de lenguas ha sido una gran ayuda para abrir el corazón de mucha gente en oración. Una vez explicado correctamente en el contexto de una comunidad que acepta el don, las lenguas son recibidas por muchos y la comunidad incrementa su alabanza. Por la experiencia sabemos que el don de lenguas, una vez recibido, permanece como don. Pero muchas veces se abandona como si fuese un don solo para principiantes. Si se desprecia el don, si se puede perder. Tenemos una tendencia a estar en control y convertir los grupos de oración en grupos de discusión o compartir, cosas buenas en sí pero que no deben sustituir la alabanza.

Siempre vigilantes

Por esto mismo, es necesario estar atentos y vigilar, porque de muchas maneras puede introducirse desorden en el estilo carismático. Cosa que no es nueva. Tal vez la comunidad carismática más visible del Nuevo Testamento fue la de Corinto. Pues bien, sabemos por las Cartas a los Corintios que esta comunidad necesitó muchas instrucciones de san Pablo, y sabemos por la Historia de la Iglesia que luego otros grandes santos, como el Papa Clemente I, les siguieron escribiendo más recomendaciones y correcciones, de donde uno puede entender que las cosas seguían con cierta desorganización o divisiones internas.

Es muy importante destacar el papel del Espíritu Santo en nuestras vidas, y destacar que convertirse sólo puede significar entregarle el control de la vida a Dios, de modo que él obre, también hoy, los prodigios y maravillas que escuchamos en los Hechos de los Apóstoles, incluyendo el don de lenguas, los milagros, exorcismos y toda suerte de portentos que son capaces de maravillar, liberar y alegrar nuestras almas.

Sin embargo, esta abundancia de dones espirituales no debe ir sola. El crecimiento espiritual ha de ir acompañado con crecimiento intelectual, o sea, verdadera y sólida formación en la fe, y sobre todo, ha de ir con el crecimiento en las virtudes. Lo que importa al final no son los muchos milagros que hagamos sino la caridad, en cuanto alma de nuestra vida. La mucha fascinación por lo extraordinario puede hacernos olvidar que la mayor parte de la vida de Cristo fue bastante ordinaria, opaca, oculta y humilde. En todo su ocultamiento, Jesús nos enseña que la santidad no es principalmente el despliegue de cosas extrañas y asombrosas, sino la virtud diaria, la perseverancia en el bien cada día, sostenidos por la fe, la esperanza y el amor.

Sobre esa base entendemos bien que cosas como la imposición de manos no deben sobrevalorarse. Hay sacramentos que tienen imposición de manos sobre una persona, como la ordenación sacerdotal y la confirmación, y otros que de modo ordinario la contienen, como el bautismo, la confesión y la unción de los enfermos. No es entonces un gesto inusual. Existe también en la Eucaristía, aplicada sobre los dones que han de ser consagrados. Entre laicos, sin embargo, no es un sacramento ni debe parecerlo. Es un gesto de solidaridad y amor que ayuda a expresar en el lenguaje del cuerpo que necesitamos ayuda y que nuestra comunidad de fe nos brinda esa ayuda con el poder del Espíritu Santo que está entre nosotros. Pero, repito, no es un sacramento, ni debemos presentarlo como un acto casi-mágico en el que invariablemente se transmiten fuerzas positivas o negativas de ida y de vuelta entre los que imponen manos y los que las reciben. Si las personas de un grupo están mirando así la imposición de manos sería mejor que se suspendiera esa práctica, por lo menos por un tiempo, mientras las cosas se aclaran con una buena catequesis.
Algo parecido hay que decir de los mensajes y profecías. Recuerdo que el P. Rafael García-Herreros, sacerdote carismático si los ha habido, explicaba muy bien en un congreso de oración que la profecía no puede considerarse la norma, es decir, que no debíamos esperar mensajes y más mensajes extraordinarios cada día y en cada reunión de oración. Es mucho más importante la enseñanza propia de nuestra fe. Mientras la gente está esperando mensajes proféticos o cuáles son los últimos mensajes de la Virgen, o cosas parecidas, creo que no emplea tiempo suficiente ni empeño suficiente en conocer el valor de los mandamientos y los sacramentos, ni tampoco se instruye lo suficiente en la oración, la doctrina social de la Iglesia o el valor inmenso de nuestra liturgia y sobre todo de la Eucaristía.

Quienes dirigen los grupos de oración tienen una hermosa labor, que requiere mucha responsabilidad. No deben dejarse guiar por una especie de "mercadeo" (marketing) ofreciendo sólo lo que a la gente le gusta ver y oír. Los directores de grupos de oración procuren ante todo que el alimento que se reciba sea bueno, sano, sólido y que las cosas más importantes reciban su debida importancia, no sea que empecemos a darle tanto énfasis a lo secundario que dejemos a la gente sin conocer y valorar lo principal.

Por sus frutos los reconocereis

Cuando el alma con fervor y dócil a la acción del Espíritu Santo, se ha ejercitado uno largo tiempo en la práctica de las virtudes, adquiere facilidad para cumplir sus actos. Ya no se sienten las repugnancias que se sentían al principio. No es preciso combatir ni hacerse violencia. Se hace con gusto lo que antes se hacía con sacrificio.

Les sucede a las virtudes lo mismo que a los árboles: los frutos de éstos, cuando están maduros, ya no son agrios, sino dulces y de agradable sabor. Lo mismo los actos de las virtudes, cuando han llegado a su madurez, se hacen con agrado y se les encuentra un gusto delicioso. Entonces estos actos de virtud inspirados por el Espíritu Santo se llaman frutos del Espíritu Santo, y ciertas virtudes los producen con tal perfección y tal suavidad que a esos estos se los llama bienaventuranzas, porque hacen que Dios posea al alma planamente.

Cuanto más se apodera Dios de un alma más la santifica; y cuanta más santa sea, más cerca está de la felicidad, que es donde, estando ya la naturaleza como curada de su corrupción, se poseen las virtudes como naturalmente. Los que tienden a la perfección por el camino de prácticas y actos metódicos, sin abandonarse enteramente a la dirección del Espíritu Santo, no alcanzarán nunca esta dulzura. Por eso sienten siempre dificultades y repugnancias: combaten continuamente y a veces son vencidos y cometen faltas. En cambio, los que, orientados por el Espíritu Santo, van por el camino del simple recogimiento, practican el bien con un fervor y una alegría digna del Espíritu Santo, y sin lucha, obtienen gloriosas victorias, o si es necesario luchar, lo hacen con gusto. De lo que se sigue, que las almas tibias tienen doble dificultad en la práctica de la virtud que las fervorosas que se entregan de buena gana y sin reserva. Porque éstas tienen la alegría del Espíritu Santo que todo se lo hace fácil, y aquéllas tienen pasiones que combatir y sienten las debilidades de la naturaleza que impiden las dulzuras de la virtud y hacen los actos difíciles e imperfectos.

La comunión frecuente es un excelente medio para perfeccionar en nosotros las virtudes y adquirir los frutos del Espíritu Santo, porque nuestro Señor, al unir su Cuerpo al nuestro y su Alma a la nuestra, quema y consume en nosotros las semillas de los vicios y nos comunica poco a poco sus divinas perfecciones, según nuestra disposición y como le dejemos obrar. Por ejemplo: encuentra en nosotros el recuerdo de un disgusto, que aunque ya pasó, ha dejado en nuestro espíritu y en nuestro corazón una impresión, que queda como simiente de pesar y cuyos efectos sentimos en muchas ocasiones. ¿Qué hace nuestro Señor? Borra el recuerdo y la imagen de ese descontento, destruye la impresión que se había grabado en nuestras potencias y ahoga completamente esta semilla de pecados, poniendo en su lugar los frutos de caridad, de gozo, de paz y de paciencia. Arranca de la misma manera las raíces de cólera, de intemperancia y de los demás defectos, comunicándonos las virtudes y sus frutos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente estudio de el Don de Lenguas. Es lo más completo que he encontrado en mi búsqueda. Muchas gracias por compartirlo!