miércoles, 19 de septiembre de 2007

El Amor de Dios

Tengo ya buen tiempo queriendo expresar algo acerca del amor de Dios. Y es que no veo otra mejor forma de iniciar una buena charla. Dios mismo, El Todopoderoso, el Gran Creador, ese Gran Arquitecto que se ha dignado hacer tan portentosa obra como es el majestuoso universo, es al mismo tiempo, ese Padre amoroso y misericordioso que planeó con gran esmero nuestra existencia. No se me olvidan dos palabras que he leído por ahí, claves en todo esto: “Fuimos creados por amor y salvados por misericordia”

Ese descubrirme amado, ese saber que por amor tengo la libertad plena para decidir mi caminar aún y cuando con mis decisiones pueda renegar de Dios mismo y que aún así nuestro Señor mantenga firme la promesa de su amor; eso es algo que no tiene precio. O esta misma fe que me fortalece y que se que es un don gratuito, como gratis es la paz que sólo de El emana... todo ello, me llevan a reafirmar lo único que yo tengo que es la voluntad de hoy, en este minuto, en este momento, decirle SÍ a ese amor. Decirle SÍ a mi padre y creador. Mañana, no se si lo podré hacer porque mi espíritu es animoso pero mi carne es débil. Por eso hoy decido aceptar con gozo el don maravilloso de la vida, en este instante decido apropiarme de esa naturaleza de ser hijo de Dios, ahora mismo opto por hacer solo lo que a El le agrade.

¿Qué es pues el amor de Dios? Es el amor infinito que Dios nos tiene pero que no se puede expresar con palabras. Solo con comparaciones. La Biblia lo expresa muy bien diciendo:

“Tu amor, Señor, llega hasta el cielo, tu fidelidad hasta las nubes. Tu justicia es como las más altas montañas, tus juicios, como el océano profundo. Tú socorres a hombres y animales. ¡Qué precioso es tu amor, oh Dios!” Salmo 36,5-7

“Resuenan por siempre en mi corazón tus palabras: Con amor eterno te he amado, por eso he reservado gracia para ti.” Jeremías 31,3

“Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado. ¿Cómo podría subsistir una cosa si tú no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida.” Sabiduría 11,24-26

“Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá” Isaías 54,10

“Pero tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” Juan 3,16-18



El Padre Jordi Rivero en la página de internet www.corazones.org resume acertadamente lo que el papa Benedicto XVI habló de manera muy interesante en agosto de 2006 sobre como el apóstol San Juan nos da a conocer al Amor:

“Decía el Papa:

"Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" 1 Juan 4, 16

San Juan, como Apóstol y amigo de Jesús, nos muestra cuáles son los componentes, o mejor, las fases del amor cristiano, un movimiento caracterizado por tres momentos.

El primero atañe a la Fuente misma del amor, que el Apóstol sitúa en Dios, llegando a afirmar, que "Dios es amor". Conviene notar que no afirma simplemente que "Dios ama" y mucho menos que "el amor es Dios". En otras palabras, Juan no se limita a describir la actividad divina, sino que va hasta sus raíces. Además, no quiere atribuir una cualidad divina a un amor genérico y quizá impersonal; no sube desde el amor hasta Dios, sino que va directamente a Dios, para definir su naturaleza con la dimensión infinita del amor. De esta forma san Juan quiere decir que el elemento esencial constitutivo de Dios es el amor y, por tanto, que toda la actividad de Dios nace del amor y está marcada por el amor: todo lo que hace Dios, lo hace por amor y con amor, aunque no siempre podamos entender inmediatamente que eso es amor, el verdadero amor.

Ahora bien, al llegar a este punto, es indispensable dar un paso más y precisar que Dios ha demostrado concretamente su amor al entrar en la historia humana mediante la persona de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros. Este es el segundo momento constitutivo del amor de Dios. No se limitó a declaraciones orales, sino que -podemos decir- se comprometió de verdad y "pagó" personalmente. Como escribe precisamente san Juan, "tanto amó Dios al mundo, -a todos nosotros- que dio a su Hijo único" (Juan 3, 16). Así, el amor de Dios a los hombres se hace concreto y se manifiesta en el amor de Jesús mismo.

San Juan escribe también: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Juan 13, 1). En virtud de este amor oblativo y total, nosotros hemos sido radicalmente rescatados del pecado. El amor de Jesús por nosotros ha llegado hasta el derramamiento de su sangre por nuestra salvación. El cristiano, al contemplar este "exceso" de amor, no puede por menos de preguntarse cuál ha de ser su respuesta. Y creo que cada uno de nosotros debe preguntárselo siempre de nuevo.

Esta pregunta nos introduce en el tercer momento de la dinámica del amor: al ser destinatarios de un amor que nos precede y supera, estamos llamados al compromiso de una respuesta activa, que para ser adecuada ha de ser una respuesta de amor. San Juan habla de un "mandamiento". En efecto, refiere estas palabras de Jesús: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros" (Juan 13, 34).

¿Dónde está la novedad a la que se refiere Jesús? Radica en el hecho de que él no se contenta con repetir lo que ya había exigido el Antiguo Testamento y que leemos también en los otros Evangelios: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". En el mandamiento antiguo el criterio normativo estaba tomado del hombre ("como a ti mismo"), mientras que, en el mandamiento referido por san Juan, Jesús presenta como motivo y norma de nuestro amor su misma persona: "Como yo os he amado".

Así el amor resulta de verdad cristiano, llevando en sí la novedad del cristianismo, tanto en el sentido de que debe dirigirse a todos sin distinciones, como especialmente en el sentido de que debe llegar hasta sus últimas consecuencias, pues no tiene otra medida que el no tener medida. Las palabras de Jesús "como yo os he amado" nos invitan y a la vez nos inquietan; son una meta que puede parecer inalcanzable, pero al mismo tiempo son un estímulo que no nos permite contentarnos con lo que ya hemos realizado. No nos permite contentarnos con lo que somos, sino que nos impulsa a seguir caminando hacia esa meta.”

Interesante ¿verdad? Al mismo tiempo edificante porque sabemos que nosotros somos los destinatarios de ese amor. Puedo saber que soy yo en quien Dios piensa, me doy cuenta que ese que está en la palma de su mano soy yo. Es decir, un amor personal, único, en su totalidad para mí. Esa es la gran noticia del amor de Dios, esa es la salvación del hombre, que cuando la descubrimos y aceptamos entonces podemos iniciar el camino de amar como el nos ha amado.

Así sea

2 comentarios:

Anónimo dijo...

a veces nos cuesta tanto trabajo expresar, nuestro sentir, y el saber que justo estas palabras, es lo que uno quiere externar..... ¿porquè serà?,.... pero lo grandioso que veo, es a DIOS Padre, me dà este momento, "aqui y ahora", y me permite, leerlas, justo lo que siento, saber que no soy la Ùnica loca, que siente, algo inmenzo en su ser,... Y se resume en NUNCA ESTAREMOS SOLOS,tenemos la libertad de actuar dia a dia y decidir, si Das tu tiempo, o te lo quitan.!!! Gracias por compartirme estas linea tan Enriquecedoras, Grandiosas y llenas de AMOR. Comparteme de esta sabiduria, de DIOS.

Anónimo dijo...

El espíritu es el don de dios a sus hijos,en el se encuentra la personalidad, distorsionada por los deseos mundanos de la carne,que progresivamente van adquiriendo una personalidad combinada con el padre el hijo y el espíritu..la llave a esta progresion es jesus de nazaret escúchenle esta dentro de cada uno.porque el dijo yo soy el camino y la vida..