martes, 28 de agosto de 2012

Es malo ser rico?

¿Qué es lo que hace que la salvación sea algo tan difícil para los ricos? ¿Estamos prevenidos sobre los peligros de las riquezas? ¿Entendemos las actitudes apropiadas hacia la riqueza, ya sea que seamos ricos o pobres?
Una historia bien conocida en la vida de Jesús involucra un dialogo con un joven rico:

“Un hombre joven se le acercó y le dijo: «Maestro, ¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?» Jesús contestó: «¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.» El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús respondió: «No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio, honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a sí mismo.» El joven le dijo: «Todo esto lo he guardado, ¿qué más me falta?» Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme.» Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó triste, porque era un gran terrateniente. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad les digo: el que es rico entrará muy difícilmente en el Reino de los Cielos. Les aseguro: es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos.» Los discípulos, al escucharlo, se quedaron asombrados. Dijeron: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Fijando en ellos su mirada, Jesús les dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.» Mt 19:16-26
  
En esta historia encontramos a un hombre que era muy recto, y sin embargo estaba equivocado. Él vino a la persona correcta, vino a Jesús, hizo la pregunta correcta: ¿qué es lo bueno que debo para conseguir la vida eterna?” “¿Qué más me falta? y ciertamente recibió la respuesta correcta: ...si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos” “Si quieres ser perfecto, vende lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme Pero al final, él tomó la decisión equivocada y se fue triste porque tenía muchas posesiones. En cuanto se fue, Jesús dijo a sus discípulos sobre la dificultad de las riquezas: Que es difícil para un rico entrar al reino de los cielos y que es más fácil que pase un camello a través del ojo de una aguja.

LA DIFICULTAD CON LAS RIQUEZAS

Nos absorbe
El primer asunto que muchas veces no alcanzamos a visualizar es que las riquezas en realidad no satisfacen al hombre, sin embargo, pensamos desatinadamente que más riquezas nos traerán más satisfacción. Por eso dice la escritura:
“Todas las personas están gastadas, más de lo que se puede expresar. ¿No se sacia el ojo de ver y el oído no se cansa de escuchar?” Ecl 1:8
“Donde abundan las provisiones son muchos los que las devoran. ¿Y qué beneficio reportan a su dueño, fuera de poder mirarlas con sus propios ojos?” Ecl 5:10

Y efectivamente, con las riquezas viene la preocupación por ellas: cómo usarlas, mantenerlas, almacenarlas, etc. y como un agujero negro, la acumulación de las mismas puede absorber el tiempo y la energía que tenemos, de forma que nos reste muy poco para cualquier otra cosa de mayor relevancia (Dios, familia, iglesia, prójimo, etc.)

Nos engaña
Jesús previno sobre el engaño de las riquezas:
“La semilla que cayó entre cardos, es aquel que oye la Palabra, pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas ahogan esta palabra, y al final no produce fruto.” Mt 13:22

Prometen mucho, pero realmente ofrecen poco a cambio. Pueden incluso desaparecer fácilmente, herrumbrarse, o ser robadas:
“Tus ojos vuelan hacia la riqueza, y ya no hay nada, porque ella se pone alas y vuela hacia el cielo como un águila” Prov 23:5
“No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban” Mt 6:19

No pueden ayudar a la salvación de alguien:
“¿Por qué voy a temer en los momentos de peligro, cuando me rodea la maldad de mis opresores, de esos que confían en sus riquezas y se jactan de su gran fortuna? No, nadie puede rescatarse a sí mismo ni pagar a Dios el precio de su liberación, el precio de su rescate es demasiado caro, y todos desaparecerán para siempre.” “Pero Dios rescatará mi vida, me sacará de las garras del Abismo. No te preocupes cuando un hombre se enriquece o aumenta el esplendor de su casa: cuando muera, no podrá llevarse nada, su esplendor no bajará con él. Aunque en vida se congratulaba, diciendo: «Te alabarán porque lo pasas bien», igual irá a reunirse con sus antepasados, con esos que nunca verán la luz.” Sal 49:6-9,16-20

Ni pueden proteger a alguien de la ira de Dios:
“…ni su plata ni su oro podrán librarlos. En el Día de la ira del Señor y por el fuego de sus celos, será devorada toda la tierra; porque él hará un terrible exterminio de todos los habitantes de la tierra. Sofonías 1:18

Las riquezas pueden engañarnos al pensar que no necesitamos nada; la parábola del rico insensato ilustra la necedad de tal pensamiento:
“Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha". Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, como, bebe y date buena vida". Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?". Luc 12:16-21

Nos hace arrogantes
Las riquezas tienden a generar un sentido de arrogancia y de orgullo:
“Por eso, guárdate de olvidar a Yavé, tu Dios, descuidando los mandamientos, los preceptos y las normas que yo te prescribo hoy. No sea que cuando comas y quedes satisfecho, cuando hayas construido casas cómodas y vivas en ellas, cuando se multipliquen tus ganados, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten tus bienes de toda clase, tu corazón se ponga orgulloso. No olvides a Yavé, tu Dios, que te sacó del país de Egipto, de la Casa de la esclavitud, y que te ha conducido a través de este desierto grande y terrible, lleno de serpientes-abrasadoras y escorpiones, tierra árida donde no hay agua. Pero para ti la hizo brotar de una roca dura, y te alimentó en el desierto con el maná, que no conocían tus padres. Así que te hizo pasar necesidad y te puso a prueba, para colmarte mejor después. ¿No podría ser que digas: ¿Con mi propio esfuerzo me conseguí esta buena situación?” Dt 8:11-17

Recordemos que fue tal orgullo lo que provocó la caída de Sodoma e Israel:
“¿Cuál fue el pecado de tu hermana Sodoma? Era orgullosa, comía bien y vivía sin preocupaciones, ella y sus hijas no hicieron nada por el pobre y el desgraciado. Se volvieron arrogantes, hicieron lo que me desagrada, por eso las hice desaparecer como tú lo has visto” Ez 16:49-50
“Pero yo soy el Señor, tu Dios, desde el país de Egipto: no conoces a otro Dios más que a mí, y fuera de mí no hay salvador. Yo te conocí en el desierto, en la tierra de la aridez. Al llegar a sus campos de pastoreo, ellos se saciaron; y una vez saciados, se enorgulleció su corazón; por eso se olvidaron de mí” Os 13:4-6

Nos hace egoístas
El enriquecimiento, si bien es una posición para ayudar a otros, con frecuencia cierra los corazones al llanto del pobre. Este fue uno de los pecados de Israel:
“Así habla el Señor: Por tres crímenes de Israel, y por cuatro, no revocaré mi sentencia. Porque ellos venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias” […] “Por eso, por haber esquilmado al débil, exigiéndole un tributo de grano, esas casas de piedras talladas que ustedes construyeron, no las habitarán, de esas viñas selectas que plantaron, no beberán el vino. Porque yo conozco la multitud de sus crímenes y la enormidad de sus pecados, ¡opresores del justo, que exigen rescate y atropellan a los pobres en la Puerta!” […] “Escuchen esto, ustedes, los que pisotean al indigente para hacer desaparecer a los pobres del país. Ustedes dicen: «¿Cuándo pasará el novilunio para que podamos vender el grano, y el sábado, para dar salida al trigo? Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas para defraudar” Amós 2:6; 5:11-12; 8:4-6

Abusando del que menos tiene para hacer dinero, fallando al responder a sus clamores por justicia, interesado más en el dinero que en el bienestar del prójimo; tales son los problemas que con frecuencia aquejan al rico. Ciertamente no todos aquellos que son ricos son culpables de tales cosas. Algunas de las gentes más piadosas en la Biblia fueron ricos (Job, Abraham, José, David, Salomón, Bernabé, Filemón, Lidia). Pero estas son las razones por las que es tan difícil para un rico el entrar en el reino de los cielos.

¡Si permitimos que el dinero se convierta en nuestro dios, en nuestro ídolo, no podremos estar dispuestos a servir al Dios verdadero!
Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero” Mt 6:24

QUÉ HACER ANTE LAS RIQUEZAS

Evitar la locura de la codicia.
¿Por qué entonces estamos muchas veces ansiosos por tener más (por ser ricos) cuando las riquezas podrían poner nuestra fe a prueba y ser incluso más que todo, una maldición para nosotros?

Sabemos que la codicia es vista por Dios como una forma de idolatría
“Y sépanlo bien: ni el hombre lujurioso, ni el impuro, ni el avaro –que es un idólatra– tendrán parte en la herencia del Reino de Cristo y de Dios” Ef 5:5
“Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría.Col 3:5

En si mismo, no es un pecado ser rico, pero el deseo desordenado por serlo nos aleja de Dios. Dice la biblia que aquellos que desean ser ricos caerán en tentación, y no quedarán impunes:
“Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.” 1Tim 6:9
“El hombre sincero será colmado de bendiciones, el que quiere hacerse rico de golpe no quedará impune” Prov 28:20

Así, San Pablo afirma que el amor al dinero es la raíz de todo tipo de pecados:
“Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos” 1 Tim 6:10

Es decir, desgraciadamente algunos inclusive hoy en día, se siguen extraviando de la fe verdadera y sufren con ello muchas aflicciones.

Estar contentos con lo que Dios nos concede
El contentamiento junto con la piedad es la riqueza verdadera:
“Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés. Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.” 1Tim 6:6-7

Ser desinteresado, feliz con lo que se tiene, es una virtud que se aprende tal como lo expresa el apóstol Pablo:
“No es la necesidad la que me hace hablar, porque he aprendido a hacer frente a cualquier situación. Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada.” Fil 4:11-12

Se logra, teniendo una perspectiva apropiada de la vida y entendiendo lo que es verdaderamente esencial en la vida:
“Contentémonos con el alimento y el abrigo” 1 Tim 6:8

El alimento y el abrigo... cualquier otra cosa es un lujo dándose cuenta de esto, ¿Estaremos apreciando qué tan bendecidos somos?

Así pues, los cristianos estamos invitados a vivir contentos con las cosas que tenemos:
“Sea vuestra conducta sin avaricia; contentos con lo que tenéis, pues él ha dicho: = No te dejaré ni te abandonaré” Heb 13:5

No señalar o juzgar a los ricos
El evangelio de San Marcos nos dice que Jesús amó al joven rico:
“Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme" Mar 10:21

Nosotros también debemos ciertamente amar a aquellos que son ricos, son también nuestros prójimos, no debemos ser envidiosos, ni despreciarlos. Si el rico fue vencido por sus riquezas, debemos tener en mente que el deseo de ser rico afecta tanto al que es rico como a aquellos que desean ser ricos y que necesita de la salvación tanto como el mendigo más pobre:
“Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” […] “Porque el salario del pecado es la muerte, mientras que el don gratuito de Dios es la Vida eterna, en Cristo Jesús, nuestro Señor” Rom 3:23; 6:23

Tener fe en el poder de Dios.
Aunque es difícil para una rico ser salvo, no es imposible:
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad les digo: el que es rico entrará muy difícilmente en el Reino de los Cielos. Les aseguro: es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos.» Los discípulos, al escucharlo, se quedaron asombrados. Dijeron: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Fijando en ellos su mirada, Jesús les dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.» Mt 19:23-26

Nadie puede ser salvo por si mismo, sea rico o sea pobre, Dios es el que puede salvar al rico por Su poder, por medio del evangelio:
“Yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos en primer lugar, y después de los que no lo son. 17 En el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la fe” Rom 1:16-17

Hubo muchos ricos que se hicieron discípulos de Jesús, aquellos que lo sostuvieron durante su ministerio terrenal:
“Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes” Luc 8:1-3

También hubo otros, tales como Zaqueo, Mateo, Bernabé, Lidia, Aquila y Priscila, Gayo, Filemón. Estas personas usaron sus riquezas y posesiones en el servicio a Dios y a los demás:
“A los ricos de este mundo, recomiéndales que no sean orgullosos. Que no pongan su confianza en la inseguridad de las riquezas, sino en Dios, que nos provee de todas las cosas en abundancia a fin de que las disfrutemos. Que practiquen el bien, que sean ricos en buenas obras, que den con generosidad y sepan compartir sus riquezas. Así adquirirán para el futuro un tesoro que les permitirá alcanzar la verdadera Vida.” 1 Tim 6:17-19

Entonces a los ricos debe también predicárseles el evangelio así como orar ellos, de la misma manera debemos regocijarnos de que haya hombres y mujeres ricos en el reino de Dios.

CONCLUSIÓN


Las fortunas y las riquezas son con frecuencia temas de confrontación. El que nada tiene muchas veces envidia al poseedor de riquezas, a su vez, el rico con frecuencia desprecia a los pobres. Pero la experiencia y la palabra de Dios nos han enseñado que tanto la riqueza como la pobreza tienen sus dificultades. Efectivamente, los bienes materiales pueden hacer arrogante a alguien, menos receptivo al evangelio del reino, pero igualmente la pobreza puede hacer a alguien amargado, lleno de envidia hacia los demás.

Por eso, ya sea que seamos ricos o pobres, todos debemos estar prevenidos de nuestra necesidad de salvación la cual viene solo por la gracia de Dios y mientras tanto en este mundo será mejor buscar las riquezas espirituales que Jesús nos ha conseguido para alcanzar la plenitud junto a Él en unión con los hermanos en la fe.

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