jueves, 4 de abril de 2013

Signos de nuestro tiempo

Por Fray Nelson Medina O.P. Tomado de www.fraynelson.com

Los temas más populares para atraer gente a una reunión de tipo religioso, hoy en día, son invariablemente la sanación y la liberación. Y no cabe duda que siempre los necesitemos porque todos necesitamos ser sanados de las consecuencias y liberados de las cadenas del pecado.

Pero la vida cristiana no es solamente eso, ni consiste únicamente en encerrarse uno a y a preguntarse indefinidamente cómo se siente uno mismo. De hecho, ese mirarse demasiado uno a sí mismo puede llevar a los mismos males que vemos en la gente mundana, es decir: egoísmo, vanidad y narcicismo.

En los evangelios, Cristo nos llama varias veces a atender los signos de los tiempos (Lucas 21), y nos reprocha que no seamos capaces de reconocerlos (Lucas 12,56). En el capítulo 4, versículo 35, de San Juan nos invita a “levantar la cabeza” para reconocer que la cosecha está madura–para evangelizar, se entiende.

¿Uno debe mirar hacia adentro y conocerse a sí mismo? Por supuesto. Tal mirada tiene tres objetivos y sólo tres: (1) Encontrar los propios pecados, para confesarlos; (2) Reconocer las propias heridas y fracturas, para entregarlas a Dios que, en su sabiduría, hará lo que más nos convenga; (3) Detectar y luego agradecer con alabanza la presencia de su Providencia en nuestra historia.

Pero hay que “levantar la mirada” y ver lo que está sucediendo en torno nuestro. Por eso damos especial atención a algunos rasgos de esta época, a saber, el cientificismo, el relativismo, el pensamiento mágico, y esa extraña combinación de agresividad y tendencia depresiva.

Cientificismo
Hay que empezar por distinguir la ciencia, que es una actividad humana noble y útil, del cientificismo, que equivale a una deformación de los resultados científicos sobre la presunción de que el conocimiento de la ciencia moderna, basado en hipótesis, experimentación y ecuaciones, es el único tipo válido de conocimiento.

El cientificismo puede llegar a ser muy despectivo y agresivo en contra de la religión, en general, y del cristianismo en particular. Dependiendo de los diversos autores, la fe se presenta como un pasatiempo inútil que hay que mantener en el ámbito de lo privado (Fernando Savater); como remanente de un pasado intelectualmente subdesarrollado (Augusto Comte); como parte de un mundo mitológico que ha quedado invalidado por la ciencia (Rudolf Bultmann); como causa de retraso social (Rodolfo Llinás) e incluso de violencia en todas partes (Richard Dawkins).

Esta actitud arrogante, que no es de la ciencia en sí, sino de algunos divulgadores que hacen de la ciencia su ídolo, impacta especialmente la mente de los jóvenes que a menudo se quedan perplejos cuando aquellos que son autoridad para ellos en su universidad o tecnológico se manifiestan tan opuestos a la fe. La falta de preparación de los papás en estas materias de ciencia hace que la soledad intelectual de los jóvenes sea aún más dura, y por eso no es de extrañar que algunos abandonen del todo la práctica religiosa.

Vencer a fondo la lógica del cientificismo requiere de una seria preparación, y para ello hay algunas referencias útiles en español, a disposición de todos en Internet, tomadas de reconocidos portales católicos:
http://encuentra.com/portada_seccion.php?id_sec=9

Además de un buen tiempo de estudio, y por supuesto que sobre la base de una fe formada, es importante darse cuenta que la ciencia es incapaz de fundamentar cómo DEBERÍAN SER las cosas (ámbito de la ética) porque sólo puede comprobar y exponer cómo SON las cosas. Así por ejemplo, en la violencia de un atracador contra una anciana desvalida es posible deducir que lo lógico para hacer más fuerte la raza humana es dejar que gane el más fuerte y mejor adaptado.

La ciencia es valiosa; es un verdadero regalo de Dios para el hombre, pero la idolatría de la ciencia aparta de Dios y termina volviéndose contra el hombre, al privarlo de su fin último y propio.

Relativismo
La ciencia, por sí sola, no resuelve los grandes dilemas éticos porque no puede decirnos si es valioso SER, en general, o si es valioso el ser individual, pues cada individuo es una instancia de alguna ley más general. El relativismo consiste en una profunda desconexión entre el sentido de la libertad y el sentido de la verdad; desconexión entre la fuerza del querer y el deseo de saber.

Tentáculos del relativismo son sobre todo tres: (1) Presentar lo moderno como siempre mejor; (2) Predicar “mente abierta,” pluralismo y tolerancia; (3) Tiranía de la opinión pública o de la mayoría, con la respectiva supresión de las opiniones disidentes.

Relativismo es: ausencia de principios; sofisma de que todo es volátil, líquido, amorfo, inconsistente, negociable. El cristiano no entrega sus armas; sabe, desde siglos antiguos, que seguir la voz de Dios y de una conciencia formada, implica ir en contracorriente.

Magia, Nueva Era y Sociedades Secretas
El racionalismo cientificista, que considera como válido únicamente al conocimiento establecido por la ciencia y la razón, ha producido una reacción, bastante explicable, que quiere “re-encantar” el mundo, es decir, presentar la realidad como “mágica,” mística, misteriosa, llena de posibilidades ocultas que pueden, sin embargo, aprenderse.

Se da así la paradoja de un mundo esquizofrénico que quiere negar con todas sus fuerzas lo sobrenatural pero que a la vez necesita embriagarse de algo más allá de la finitud y brevedad de las cosas, los placeres y las respuestas de esta tierra.

Esa tensión engendra tres caminos principales con los que se intenta revestir de “magia” al mundo:
1. El primer camino es el tradicional, que nunca ha muerto del todo. Aquí entran: horóscopos, supersticiones, fetiches, bebedizos, maleficios, “limpias” y cosas parecidas.
2. Está luego el mundo amplio y confuso de la Nueva Era, con su carga de nombres raros de sabor oriental: I-Ching, Feng-Shui, etc. La pretensión aquí es que a través de la manipulación de las cosas del mundo, y de la educación de las ondas del cerebro es posible conseguir una vida en paz y prosperidad, sin recurso al arrepentimiento, al conversión o el auxilio de la gracia.
3. Y están también las sociedades secretas, tipo ocultismo y rosacrucismo, o tipo masonería, con sus rituales extraños y su “disciplina del arcano,” o sea, su disciplina de no contar a los que recién ingresan cuáles son las verdaderas intenciones y posturas del grupo. Habría que incluir en este tipo de grupos incluso a los satánicos.

Tres consejos prácticos:
1. Jamás pierdas la Santa Misa, ni la cercanía de amistad e intercesión de la Virgen María; y hazte devoto de repetir con atención el CREDO.
2. En la tentación, no nos dejemos “manosear” la mente ni el alma, así como tampoco nos gusta que manoseen nuestro cuerpo.
3. Comprende que hay que invertir tiempo, esfuerzo e incluso dinero en recibir y cultivar una buena vida cristiana.

Agresividad y Depresión
Una de las estrategias actuales del demonio es reventar nuestra mente haciéndonos pasar continuamente de la arrogancia al autodesprecio; de la soberbia de pensar que lo podemos todo, a la desesperanza de creer que nada cambiará nunca; de la pretensión de dominar el mundo a una sensación total de impotencia, cinismo o asco. Eso explica por qué nuestro tiempo está enfermo A LA VEZ de agresividad y de depresión.

Obsérvese que tanto la soberbia como el autodesprecio son mentiras. Lo que necesitamos, y lo que es alimento sano para nuestra mente, es la VERDAD. Cinco consejos para defenderse de este doble malestar de la agresividad-depresión:
1. Cristo es verdadero hombre; verdadero modelo de humanidad; él es la verdad sobre qué significa ser humano. Hay que estar en él, acogerle, aprender cada día de él.
2. Humildad por el arrepentimiento de los pecados.
3. Reconocernos valiosos en la Sangre de Cristo.
4. Hay que aprender a dar; encerrados en nuestros egoísmos seremos siempre presa de nuestros miedos.
5. Ser miembros vivos de comunidades de fe viva.