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jueves, 24 de julio de 2014

Dios me enseñó a amarte

Querido hijo:
Qué día tan especial, festejas tú y contigo festejo yo.
Cumples tus primeros 10 años de vida y yo mis primeros 10 años de padre.

El día que naciste, empezaste tu propia historia y yo empecé la mía como papá.
Ello cambió mi rumbo; me cambió la vida.

Fui una persona antes de tu nacimiento y soy otro desde el primer día que te tuve en mis brazos y nos miramos cara a cara. Nos descubrimos en ese momento uno al otro.
Tú estabas sorprendido de haber llegado a este mundo, yo estaba extasiado de tenerte en mi vida.

Y ahí nació nuestra historia juntos, una historia que no tiene fin. Siempre cumpliremos años juntos y festejaremos al mismo tiempo.
Tú de ser mi hijo y de tener una vida que es totalmente tuya y yo de ser tu papá y gozar plenamente viéndote crecer.

¡Felicidades mi niño!

Aunque hoy quizás empiezas a ser menos niño y más adolescente, me dará mucho gusto ayudarte a aprender a volar. Luego quizás hagas tu propio plan de vuelo.
Encantado estaré de volar a tu lado y juntos podamos ver desde lo alto como se mira el mundo desde ahí; te encantará.

O si decides hacer tu propio camino y volar en otros rumbos, igual me sentiré feliz de verte aunque sea a lo lejos, cómo alcanzas alturas insospechadas para mí.

Lo importante es que te animes a volar, a descubrir a Dios en este mundo.
Que veas las maravillas que te tiene preparadas y que sepas que El me enseñó a amarte.
Y por eso mi amor por ti no tiene límite.

Te amo querido hijo, mi querido Gilberto, mi orgullo.

Tu papá

lunes, 17 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna” (Jn 3, 16)

Queridos hermanos y amigos en la fe:
Un año más nos damos cita en las fiestas natalicias que nos consienten contemplar al Señor Jesús y en Él, la humildad de la misión de Dios que viene en medio de nosotros como prueba de su gran amor.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Aprender a corregir

Por Alfonso Aguiló  Tomado de 'Hacer Familia'

Es natural que los jóvenes y los mayores vean las cosas de distinto modo. Lo que sería extraño es que un adolescente y una persona madura pensaran de idéntica manera.

La educación no es empeñarse en que nuestros hijos sean como Einstein, o como ese genio de las finanzas, o como aquella princesa que sale en las revistas. Tampoco es el destino de los chicos llegar a ser lo que nosotros fuimos incapaces de alcanzar, ni hacer esa espléndida carrera que tanto nos gusta... a nosotros. No. Son ellos mismos.